miércoles, 5 de marzo de 2025

Presentación del libro: Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola

 https://www.youtube.com/watch?v=2BoPoo9MarI

Presentación del libro: 

"Freud: del nombre, del origen y del 'gran hombre'. Ensayo conjetural" 

(2024, Argus-a).  

Autor: Dr. Gustavo Geirola

Comentarios: 

Dr. Sergio Hernández

Psic. Mariana Roldán

Psic. Juan Pablo Padilla

Coordina: 

Dra. Gabriela Abad

jueves, 27 de febrero de 2025

Mariana Roldán Suárez Reseña Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola

 

Geirola, Gustavo. FREUD: del nombre, del origen y del ‘gran hombre’. Ensayo conjetural. Los Ángeles/Buenos Aires: Argus-a Artes y Humanidades/Arts & Humanities, 2024. ISBN  978-1944508-57-9, 316 páginas.

                                              

El libro de Gustavo Geirola nos invita desde sus primeras páginas a una travesía en la que hay que estar dispuestosa perderse, sólo para volver a reencontrarnos al final, diferentes de cómo comenzamos. Emergemos de su lectura cargadas de preguntas y conjeturas que no nos habitaban al comenzar el viaje.

La escritura, prolija, poética, nos va llevando, casi sin que nos demos cuenta y,al finalizar el recorrido, se añoran sus páginas, apenas lo cerramos. Es que Gustavo con su escritura, erudita y concienzuda, pero cercana e intimista, nos presenta a un Freud desconocido. Conjeturo, por mi parte, que quizás por la cercanía del autor con el teatro, se siente convocado a mostrarnos al padre del Psicoanálisis detrás de bambalinas.

Logra un engarce delicadoque nos lleva desde las contingencias, pasiones y temores de la vida de Freud a la rigurosidad de los conceptos psicoanalíticos. Nos acerca puntos de fuga que parten desde el texto que,siguiendo su estela, se podrían retomar. Desde el estrago materno, el duelo, la bio y la necro política, el papel de la memoria y el mito. Claro que la columna que sostiene la argumentación principal es la cuestión del Padre ligada al linaje y al origen.

Desde el inicio nos advierte que no estamos frente a una biografía de Freud o un análisis crítico de su obra, sino que nos encontraremos con una invitación conjetural que hace Gustavo, siguiendo los pasos de Nietzsche y Foucault. Ciertos detalles de la vida de Freud son reconsiderados así desde la perspectiva de las tensiones entre el deseo, la teoría y los acontecimientos biográficos que operan en el trasfondo de los conceptos que Freud legó al psicoanálisis. ¿Qué fue dejado de lado, borrado o modificado? Al decir del autor:

El ejercicio que este ensayo se propone hacer sigue a su modo las sugerencias foucaultianas respecto de la genealogía o –como lo traduce de Nietzsche— “la historia efectiva”, en la que Freud es el personaje de su biografía y a la vez de su contexto. La genealogía o ‘historia efectiva’ “revuelve en las decadencias; y si afronta –según Foucault— las viejas épocas, es con la sospecha –no rencorosa sino divertida— de un ronroneo bárbaro e inconfesable”. (6)

Es decir que un concepto es el resultado de la razón, pero oculta su propio proceso de elaboración, plagado de “invasiones, luchas, rapiñas, disfraces, trampas” (4). Todo concepto procede, entonces, de una historia oculta, atravesada por “los sentimientos, el amor, la conciencia” (4), cuyas huellas han sido desalojadas.

Geirola nos invita a seguir esahuella que deja el acontecimiento biográfico al convertirse en concepto. Desanda el camino que va desde Tótem y tabú, por ejemplo, hasta esos puntos de quiebre biográfico, como el cambio del nombre, que proyectan sus oscuridades y penetran en la razón. Aventura apasionante que nos invita a sumergirnos en la biografía de Freud, pero no para ser meros espectadores, sino para desentrañar sus luchas, atisbar sus temores, asistir en suma a la construcción de un nombre, un Gran Hombre, quien desde los temores y contradicciones que nos habitan a todos los sujetos, hizo de sí el Padre-del-Nombre.

Desde las primeras páginas, el autor nos acerca un concepto novedoso, un prolífico hallazgo, que nos muestra la originalidad de su estilo y el modo singular de abordar la obra freudiana. El término “obturación”, que lo utiliza para referirse al mecanismo que devela el montaje de los conceptos freudianos. Cada concepto se puede entender como una construcción que da a ver al mismo tiempo que rebela aquello que intenta ocultar. El Diccionario de la RAE define ‘obturación’ como “tapar o cerrar una abertura o conducto introduciendo o aplicando un cuerpo”. Se obtura, pues, una grieta, una falla. Obturar no se corresponde con el sentido de ‘reprimir’. Así se pregunta el autor:

¿Qué abertura o vacío querrá tapar Freud, con su cuerpo, con su cuerpo textual escriturario y conceptual? ¿Se tratará solamente del temor a la muerte o a la pérdida de su madre, o involucrará, además, otras instancias de su sexualidad? ¿Se trata, de acuerdo al diccionario, de un vacío –o agujero o grieta— que resulta taponado, obturado o, a lo sumo, velado e, incluso –para usar un mexicanismo elocuente— ninguneado? (19)

¿Qué partes de su historia personal quedaron silenciadas o distorsionadas? Desde las cartas desaparecidas de su amigo de la adolescencia Silberstein, hasta los sueños donde la figura del padre reaparece constantemente, como un espectro imposible de eludir, el horror a la muerte de la madre, la presentificación del anhelo parricida de los discípulos, entre otros.

El autor, en las primeras páginas, recorta un acontecimiento biográfico, que desde su perspectiva,dista de ser anecdótico, tal como fue tratado por algunos de los biógrafos de Freud ycarente de consecuencias a nivel teórico. El temprano cambio de nombre que operó de Sigismund a Sigmund, en realidad la eliminación de dos nombres Sigismund Schlomo y su propia nominación como Sigmund. Con lucidez, y con citas precisas que apoyan sus elucubraciones, Geirola nos va mostrando el itinerario que recorre Freud desde ese cambio de nombre, que implica descontarse del linaje de los Freud, dejar de ser uno más en la serie genealógica para convertir su nombre en marca registrada. Acercándonos a cada paso las teorizaciones de la Dra. Geréz Ambertín acerca del superyó y el destino, nos advierte que Freud, desde esta inscripción y con el armado de su corpus teórico, modifica su destino, ese que fue tempranamente profetizado por su padre Jakob Freud, al decirle que no sería alguien. 

Como nos advierte Marta Geréz en su libro Entre deudas y culpas, sacrificio, la diferencia de Freud con Edipo es definitiva: Freud desidealiza al padre, no queda atrapado en el goce del padre real y no procede al suplicio sacrificial al mismo. A partir del cambio de nombre, se desgaja del linaje paterno (del Sigismund y del Schlomo, pero también de la tradición judía); así, opta por un duelo interminable en el que no intenta velar los pecados del padre –incluso la falta en él mismo.

A lo largo de varios capítulos nos ofrece una mirada atrapante de la saga de los Freud, marcando las diferencias entre ésta y la de los Labdácidas. Recrea el Edipo vienés de Néstor Braunstein, al que enriquece con sus aportes, mostrándonos, desde los impasses biográficos de Freud, cómo se fue tramando el mito y las obturaciones que allí operan.

Uno de los taponamientos a los que alude Gustavo es a la de la obra de Calderón de la Barca, La vida es sueño. Así conjetura que esta obturación configura una ausencia, un vacío en la genealogía freudiana del Edipo. A lo largo del capítulo en los que el autor nos presenta este escrito calderoniano, va engarzando y mostrándonos los paralelismos entre la propia vida de Freud y la de Segismundo, protagonista de La Vida es sueño, quienes curiosamente tienen el mismo nombre. Freud fue un ferviente lector de clásicos de la literatura española y el castellano era el idioma que utilizaba en su comunicación epistolar con su amigo Silberstein, por lo que Geirola conjetura algunas causas para entender por qué Freud obturará La vida es sueño en su Edipo vienés, cosa que no hizo con Hamlet. Teniendo en cuenta la relación de Freud con su madre Amelia, podemos imaginar hasta qué punto la figura de Clorilene (madre del Segismundo calderoniano) asesinada por su hijo al nacer, le produjera estupor, no sólo por el temor que siempre tuvo respecto a la muerte de su madre, sino porque el nacimiento de Segismundo, además, eliminaba toda posibilidad de realizar sus deseos incestuosos.

Otra de las “obturaciones” en la obra freudiana es la relacionada con el lugar que asigna a la mujer dentro del sistema fálico e incluso sobre la cuestión de la homosexualidad masculina en su conceptualización de Tótem y tabú, por ejemplo.

Esta es, a mi parecer, una de las más ricaslíneas argumentativas que desarrolla Gustavo a lo largo de toda la obra y que abre a interrogantes que, como analistas, debiéramos acoger.  La pregunta por lo femenino y su potencia, así como el cruce con la teoría lacaniana y las fórmulas de la sexuación. Freud no pudo articular una posición femenina que escape del dominio fálico, y es aquí donde Lacan interviene con su idea de que “La mujer no existe”. Lacan argumenta que la mujer es no-toda dentro de la lógica fálica, lo que significa que el goce suplementario, al que tienen acceso, no puede ser limitado o reducido a los términos de la función fálica, como sucede con el hombre.

El autor nos regala, en el medio de estas argumentaciones, interrogantes que nos abren a debates necesarios, conjeturas que delinean nuevas ficciones.  Así nos dice:

¿Podría inventarse –y, en ese caso, si fuera posible, cómo sería la escritura— un mito a partir del matriarcado equivalente al que nos ofrece Freud en Tótem y tabú? ¿Qué tipo de consecuencias conceptuales, sociales, culturales, políticas, podría tener hoy esa invención? (40)

Freud obstruye la posibilidad de pensar quelas mujeres de la horda podrían también haber tenido sus propios motivos para matar al Urvater. En todo el Moisés, Freud tampoco menciona la herética Eva ni tampoco de la sumisa María.“

Tal vez no conspiraron, tal vez gozaban junto al padre, quizás no asistieron al banquete y no devoraron al padre, tal vez evitaron la culpa y gambetearon al superyó, y se reservaron la palabra y la voz para hacerla resonar como alternativa al momento, preciso, de la declinación de la función paterna y del deterioro y hasta el fracaso de la fraternidad tal como la observamos hoy. (111-112)

Geirola nos muestra tambiénla fascinación freudiana por el parricidio, que recorre obras como Tótem y tabú o El hombre Moisés y la religión monoteísta, como una lucha interna entre someterse a los imperativos del superyó paterno o destruirlo para erigir una nueva ley. Freud no podía dejar de escribir acerca de esto, porque, en cierto modo, él mismo era víctima de la pulsión parricida, siempre temeroso de ser destruido por sus propios discípulos en un ciclo de repetición interminable. En su propia vida, se enfrentaba a un dilema: someterse a la figura del padre o erigir una nueva ley que lo desafiara. Al ir más allá del padre, no solo funda una disciplina, sino que se coloca en el centro de una dialéctica donde convertirse en “gran hombre” también significa estar expuesto a ser, a su vez, superado o destronado.

El psicoanálisis es, nos dice Geirola, una obraque pivotea entre la pasión de la ignorancia y una certeza de que el padre es un síntoma que hay que tratar de levantar. Así es que Freud no ceja en su esfuerzo por abordar con la palabra a ese padre real, con su violencia y su odio, en su versión del Urvater en Tótem y tabú.

En definitiva Gustavo nos invita a una puesta en escena sobria, pero divertida, rigurosa, pero poética. Se abre el telón y suben a escena Freud con el linaje familiar que lo antecede. Así vemos a Jakob y Amelia en la danza de la muerte y de la pérdida, del desarraigo y la maldición. A un adolescente Freud buscando descontarse de esa genealogía, nombrándose Sigmund, intentando torcer el destino, esa cara feroz del superyó que nos compele a repetir lo peor.

Aparece en esa escena también Eduard Silberstein, ese amor adolescente de Sigmund, con quien comparte el español como un lenguaje amoroso que los recorta en un universo privado.Estos personajes muestran sus amores, sus temores, sus pasiones mientras la voz en off de Gustavo nos relata y nos regala un texto para ir, desde estas escenas, a los conceptos psicoanalíticos forjados por el padre del psicoanálisis.

En los cuadros siguientes vemos desplegarse, en tormentosas escenas, a Edipo y la consumación de su destino atroz, a los hermanos de la horda que asesinan y devoran a ese padre que no cesa de retornar, a la vez que también enmarca y pacifica. Atisbamos al coro de las mujeres que, se diría, Gustavo anhela y presiente. Esa presencia femenina en potencia, esperando su momento para desplegar la invención y el deseo.

Llegan Moisés y los egipcios, que se mezclan con los nazis, el exilio y el temor a la propia muerte.

Nos lleva,antes de que caiga el telón, a las calles de Dublín y hacen su aparición, Joyce con Freud, apelando a la obra y la escritura como modo de existencia deseante, como marca escrituraria que posibilita seguir y crearse a sí mismos, torciendo la fatalidad, creyendo en el inconsciente, aceptando su castración, soportando que el Otro es inconsistente,inexistente, y que no hay garantías. 

Hay cierto registro de escritura -poética- como la que nos ofrece Gustavo Geirola, que bordea los márgenes de lo real. Es una escritura femenina, cómo la que el autor identifica en Joyce y Freud, que se alcanza en las orillas, que, no siendo toda fálica, sabe de poesía.

Mariana Roldán Suárez

Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud

 

Bibliografía

Gerez Ambertin, Marta. Entre deudas y culpas:sacrificios. Critica de la razón sacrificial. Buenos Aires; Letra Viva, 2008.

 

 

 

Sergio Omar Hernández Reseña Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola

 

Geirola, Gustavo. FREUD: del nombre, del origen y del ‘gran hombre’. Ensayo conjetural. Los Ángeles/Buenos Aires: Argus-a Artes y Humanidades/Arts & Humanities, 2024. ISBN  978-1944508-57-9, 316 páginas.

 

Freud: ¿Por qué se llega a ser lo que se es?

No será La fuente de Duchamp o los 4 minutos 33 de John Cage, pero este libro conserva el espíritu provocador de esas obras. Para sostener sus conjeturas sobre la vida y obra de Freud, Gustavo Geirola se sirve de la lectura que Foucault realiza de Nietzsche, produciendo allí una novedosa forma de interpretar a un sujeto en su historia. Esto es, una biogenealogía. 

Desde un principio el autor parece romper una cuarta pared para advertir al lector: “Ud. está por introducirse en una forma distinta de explorar la vida y obra de Sigmund Freud”. Perdón. ¿De quién? De Sigismund Scholmo Freud. No por nada el primer capítulo, el primer acto de esta obra, se titula “Del nombre”. 

¿Qué pasó? ¿Acaso el creador del psicoanálisis tiene un nombre artístico? Tal vez, algo por el estilo, pero este nombre de fantasía - o de fantasmas - no está diseñado en un estudio de marketing (como Karol G o Daddy Yankee), sino que surge como roca volcánica, como piedra metamórfica, aquel mineral que se transforma a sí mismo en el fuego interior del planeta. Justamente, Gustavo Geirola rastrea que este interesante juego freudiano de intercambiar nombres comienza en medio de un fragor privado: la relación epistolar del joven Freud con Eduard Silverstein, de quien se hiciera amigo a los 13 años y se convirtiera -durante diez años- en un auténtico confidente capaz de provocar en el inventor del psicoanálisis referencias sumamente tiernas, pero también despechadas. Y que el lector podrá apreciar, pues Geirola trabaja las cartas sobrevivientes: Freud no dejaría rastro de aquellas, pero Silverstein supo conservar el tesoro.

Pero no nos confundamos, de ninguna manera se aproximan estas misivas con el objetivo de exhibir un chisme pueril que entusiasme a un lector sin mayores pretensiones que atiborrarse de datos curiosos. La advertencia del autor fue clara: “Usted no está por ingresar a una biografía”: ese terreno harto conocido en el que el biógrafo recorre puntos nodales de la historia de un personaje, sucesos que se encadenan prolijamente producto de la recopilación de cartas, comentarios de allegados, y contexto de la época. No es este el trabajo de este ensayo, pero no por desechar aquella tarea. No mira de reojo y sobre el hombro a los biógrafos de Freud. Por el contrario, se sirve de ellos. Aunque para una labor distinta, novedosa, a la que él mismo llamará ‘conjetural’.

Como un arqueólogo recorrerá los sedimentos simbólicos de un hombre, las diversas capas de palabras, que a lo largo de cartas, ensayos y libros (escritos por él, sobre él, o bien, de sus discípulos), y que constituyen el único terreno por el cual se puede llegar a la verdad de un sujeto: La verdad que, como escribe Néstor Braunstein en su Ficcionario de psicoanálisis (2001), es siempre media-dicha, conjetural.

No mencionamos caprichosamente al psicoanalista argentino, pues a dos años de su partida corpórea, Geirola le dedica el libro. Ahora bien, esta intención no se debe -únicamente- a la inmensa producción ligada al psicoanálisis, el arte y la filosofía que hizo Néstor Braunstein. Sino que se trata de un gesto de gratitud por la inspiración. Pues Geirola toma el guante que Braunstein arroja a la cara del lector en su texto Edipo vienés (en Freudiano y Lacaniano, 1994): ¿Por qué Freud callaba y desfiguraba el texto de Sófocles, al cual conocía tan bien? ¿No nos enseñó eso Freud?: Quienes pretendan oír la verdad de un sujeto deben hacer eso, escuchar. Escuchar los sonidos que brotan como palabras de sí: ¿Y qué es la música si no un conjunto de sonidos y silencios?

Geirola parece decir “Freud, si tú nos enseñaste esto, permítenos la herejía de interrogar tus inflexiones, tus silencios, tus síncopas y contratiempos. Freud, si manejabas tan bien el español, ¿por qué no abundan referencias en ese idioma en tus obras? Si durante diez años usaste ese idioma para cartas con amor, con ternura, con celos, con entusiasmo…con Silverstein”. Y como sólo los no incautos yerran, Geirola conjetura: el español era el idioma de las pasiones freudianas.

¿Entonces por qué está fuera de su obra? (!!!) Justamente de la obra que puso la dinamita en los cimientos de la forma de pensar la sexualidad humana, adulta e infantil, desde la más sana a la más enferma. “Retrucaste el Pathos ¿Por qué ese idioma quedó por fuera?”.

A lo mejor, algún real aguijoneaba allí al Joven Sigismund Scholmo Freud. Quizás… dejarlo por fuera de su obra –no diríamos que de su vida—, pero sí de su obra, haya sido el costo a pagar por saber-hacer de esa pasión una obra del pensamiento, una obra intelectual, una obra científica.

Geirola pesquisa clandestinidad en estas cartas escritas en un idioma muy difícil de entender en la Viena del siglo XIX y firmadas con un seudónimo. Vale la pena mantener este nombre sustituto en las sombras para que el lector lo descubra. Cubrir y des-cubrir es parte del juego biogenealógico, y allí es preciso no anticipar ciertas sorpresas. Pero si podemos decir que será el modo en que el joven Sigismund–aún usaba aquel nombre— utiliza para incluirse en la Sociedad Española, esa sociedad de sólo dos miembros: él y Silverstein.

Ahora bien ¿es un simple juego adolescente el anonimato, los silencios, las sociedades secretas, y los idiomas furtivos que se mezclan en esta correspondencia apasionada? ¿O acaso son los sonidos del concertino que afina antes de su sinfonía psicoanalítica? Pero entonces, Freud, ¿por qué te cambiaste el nombre? 

Geirola ubicará que en aquella época entra en el silencio el nombre de los ancestros, Scholmo. A la vez que el Sigismund sufre una amputación: Sigmund. ¿Qué es lo que se arranca allí? ¿Acaso pretende un disimulo? Ciertamente el Sigmund suena más alemán que Sigismund…. Pero ¿será que también algo resonaba singularmente en Freud?

Geirola avanza y casi que lo escuchamos decir: “Freud, si eras tan ávido con la literatura española, digo… no será…tal vez…que este Sigismund era prácticamente igual al Sigismundo, del personaje principal de Calderón de la Barca? ¿Protagonista de qué obra? Nada menos que La vida es sueño. ¡Justo, Freud! ¡Parece que el español intuyó 300 años antes algo que tú continuarías! Y mira tú el nombre!”. ¡Qué parecida que es la realidad con la coincidencia!”.

¿Será posible que una grieta genealógica asome allí su cabeza? ¿De dónde proviene el nombre Sigismundo? Wagner, el famoso Wagner, el alemán Wagner, cuyas producciones musicales hacían vibrar a Europa, entre ellas una muy singular. La tetralogía operística El anillo del nibelungo, mitología nórdica de donde se destaca nada más y nada menos que Sigfrido.

Las resonancias parricidas e incestuosas de Sigismundo y Sigfrido… llamativamente no aparecen en las referencias de un autor de una amplitud artística tan basta como Freud. Quien no pudiendo desconocer esto…sin embargo no los nombra. Pareciera que ciertos silencios son producto de que se vislumbre algo que está más allá de las palabras.

Como buen jardinero, Freud realizará podas en la marca que recibe de sus antepasados: conserva el apellido. Pero recorta el Sigismund y forcluye el del abuelo “Scholmo”. Conserva el espíritu etimológico de Sigfrido/Sigismundo/Sigmund: la victoria.

Justamente, si algo logró Freud, es hacerse un nombre. Parirse a sí mismo como líder de un movimiento que, a contrapelo de las tendencias mercantilistas, hasta el día de hoy, apuesta porfiado al modo singular con la que cada quien puede arreglárselas entre aquellos dos abismos a los que llamamos nacer y morir. Geirola nos recuerda que Lacan señala el Padre-del-Nombre. Ciertamente, Freud es hijo de su producción. Y se bautiza: Sigmund. 

Pero esto no es sin costos. Y no únicamente para la vida del científico alemán cuyo saber-hacer consistió en deponer ciertas pasiones y abocarse a otras. Carnales unas, intelectuales otras. El autor avanza conjeturando: esto también tiene consecuencias en la teoría. Se los dijo, esto no es una biografía. Es un ensayo bio-genealógico. Acá se investiga el poder que trafican las palabras. Lo que Freud calla, en su vida, en su teoría, lo que le resulta inescrutable, el darkcontinent. La cuestión de la mujer y lo femenino, siempre ligado a lo insondable en Freud. Escollo en la vida y en la teoría que Lacan, luego, intentará resolver con las fórmulas de la sexuación.

Gustavo explora el oscuro continente freudiano y traza un mapa conjetural que permita no extraviarse en la teoría, pero también en la vida de cada uno. ¿Acaso alguno de nosotros está exento del drama que supone el nombre propio? ¿El origen? ¿O nuestros anhelos y aspiraciones, de mayor o menor grandeza?

Hoy vivimos una civilización que parece no poder oponerse a la barbarie. Allí Geirola parece decirnos: si Freud pudo, si pudo conjurar parte del sacrificio atroz, si pudo negociar con el superyó, ¿por qué nosotros no? A lo mejor estas páginas nos permitan entrever nuestra propia manera de hacernos un nombre, de apostar al deseo y de invocar al amor.

 

Dr. Sergio Omar Hernández

Universidad Nacional de Tucumán

Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud

Argentina

 

martes, 25 de febrero de 2025

Juan Pablo I. Padilla reseña Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola

 

Geirola, Gustavo. Freud: del nombre, del origen y del ‘gran hombre’. Ensayo conjetural. Los Ángeles/Buenos Aires: Argus-a  Artes y Humanidades/Arts & Humanities, 2024. ISBN 978-1-944508-57-9,316 págs.

 

Este libro que, como nos cuenta su autor, el Dr. Gustavo Geirola, es fruto del Seminario que dictó la Dra. Marta Gerez Ambertín acerca de Los nombres del padre y lo fraterno en la clínica en 2023. Este ensayo conjetural es deudor y resonancia de aquel seminario. Sin duda fue causa del deseo de Geirola y de muchos de los que asistimos al seminario (¿y por qué no también, de aquellos que vean luego la presentación por YouTube en el canal de La Fundación?)[1] por lo cual merece ser celebrado.

El libro está dedicado a la memoria de Néstor Braunstein, de quien también somos deudores: de él y de sus libros. Recordemos lo que nos enseña Braunstein sobre la memoria: ella es fundadora del ser, cada uno de nosotros somos, no lo que nos pasa, sino aquello que recordamos y que olvidamos. Somos una memoria en movimiento, honrada por olvidos y represiones. La memoria no procede desde el pasado como ingenuamente creemos dice Braunstein (2012), sino desde el futuro. Lo que no se puede olvidar es el futuro desde el cual todo recuerdo tomará su sentido o se develará como privado de él. Y si estamos celebrando el libro de Gustavo Geirola es también, y en gran medida,porque nos reconocemos deudores de la enseñanza del Dr. Néstor Braunstein, y lo recordamos, honramos y homenajeamos estudiando sus trabajos.

El Dr. Geirola humildemente dice que se dejó llevar por la invención imaginativa, hasta incluso con cierto “tufillo a delirio”, pero siempre con la rigurosidad teórica, citando a no pocos autores que investigaron sobre la vida y la obra de Freud. Geirola hace todo un recorrido del linaje de los Freud, siguiendo a sus biógrafos principales: Emilio Rodrigué, Peter Gay, Louis Breger, y en menor medida, a Ernest Jones, que, como lo dijo en alguna conferencia la Dra. Gerez Ambertín, es el chismoso de la saga psicoanalítica. Resulta que, aunque sea el chismoso, también lo leemos, o quizás algunos justamente por eso lo leemos. El Dr. Geirola incluso recomienda al lector que se deje llevar por su delirio y su inventiva y que disfrute de la lectura. Pues la lectura del texto de Geirola se disfruta tanto como demanda la atención: el autor hace posible que uno recorra el laberinto que nos propone, yendo de Freud a Lacan y viceversa, y relacionando los datos biográficos de Freud con los aportes teóricos que éste hizo.

Geirola en su libro realiza una travesía por diversos autores de renombre e importancia, como son: Calderón de la Barca, Freud, Lacan, Braunstein, Gerez Ambertín, Sófocles, Homero, Apolodoro, Diodoro de Sicilia, Píndaro, Étienne de La Boétie, Descartes, Foucault, Nietzsche, Shakespeare, James Joyce, Schopenhauer, Hegel, Aristóteles, Charles Darwin, Claude Levi Strauss, Walter Benjamin, entre otros. 

        El autor destaca los complicados y ambivalentes sentimientos que despertaron en Freud la relación con su madre Amalia. Es distinguido que Freud no haya precisado la relación de las mujeres con el padre real, con el padre de la horda. Asimismo, Geirola subraya que Freud, como él mismo sostiene en numerosas cartas, no se puede explicar el matriarcado. Resulta notable, dice Peter Gay, que Freud no diga prácticamente nada o muy poco sobre su madre. Braunstein en su texto Edipo vienés, sostiene que el complejo de Edipo no es una conclusión, un punto de llegada, la culminación o el centro del psicoanálisis, o, mejor dicho, del (auto)análisis de Freud. Por el contrario, el complejo de Edipo se encuentra al comienzo de todo eso, es el mito en tanto que historieta, como contenido manifiesto, ya que, como conjetura Lacan en El Seminario 17: “el complejo de Edipo es el sueño de Freud”; lo mismo dice Braunstein, y por eso debe ser atravesado y despejado. Se trata de un mal sueño de Freud del que hay que despertar a los analistas para que pueda haber psicoanálisis.

Braunstein va a plantear una incapacidad en Freud para integrar la hostilidad de la madre al hijo varón, presente en numerosos pasajes de la obra freudiana, en los que refiere lo que para él es el contenido del mito de Edipo. Y el problema de esto es, tanto más de nosotros los analistas que de Freud mismo, porque sigue siendo nuestra fuenteprincipal la letra de Freud y no la de Sófocles, que la desconocemos. No sería en vano un esfuerzo volver al relato de Sófocles: tanto para disfrutar de su lectura como para advertir las diferencias con la lectura que Freud hizo de aquel. En relación a esto es que Braunstein nos exhorta a que dejemos de masticar como un animal que no sabe qué es lo que come, el mito freudiano de Edipo y que agarremos el mito tebano o ateniense, que no muerde.

Por eso considero muy precisa y puntillosa la distinción que hace el Dr. Geirola sobre el Edipo de Sófocles y el Edipo de Freud; siguiendo el texto Edipo vienés de Braunstein, pero además agregando sus propios aportes, Geirola nos muestra su conocimiento y su gusto por la mitología griega y sus personajes. A su vez, la relación que hace Geirola con el escrito de Lacan Joyce el síntoma y el cuento de Borges, Borges y yo, para referir al hombre y al nombre, y ambos para hacer referencia al sinthome.

A propósito, y en relación al nombre, sostiene Geirola, cito:

Podemos apreciar cómo el cambio de nombre de Sigismundo a Sigmund, y cómo el rechazo y olvido de nombres de sus antepasados Schlomo y Kallamon respectivamente, más la obturación de la obra calderoniana, configuran la genealogía de aquello que en ese libro de 1913 adquiere un estatus conceptual: el tótem y el tabú. ¿Será que Sigmund configura el cuarto nudo, el sinthome, que desde su temprana juventud anudará los desajustes de los 3 del nudo borromeo? (pág 52)

Las notas al margen, abundantes, son inevitables e ineludibles en el ensayo de Geirola; muchas veces son más importantes que el cuerpo del texto.En una de esas notas, por ejemplo, más precisamente en la nota 50, Geirola explica de dónde Freud extrae el término dark continent para referirse a la mujer.

Otra de las notas más divertida que novedosa es la que, siguiendo a Emilio Rodrigué, Geirola nos cuenta que los psicoanalistas elegían que los congresos se realizaran en lugares neutrales, que no eran ni en Viena ni en Berlín, así se alejaban de sus esposas. Y no lo dice Rodrigué, pero imagino que las esposas también hacían de las suyas para descansar de sus maridos cuando estos viajaban. Y digo,“no tan novedosa” no por el dato en si, sino porque conocemos la tentación que genera lo prohibido, lo clandestino, incluso en los mismos psicoanalistas.

Volviendo al comienzo del libro, Geirola abre con una cita de Freud que sostiene que sin un poco de cierta criminalidad no hay realización posible. Esta cita que eligió Gustavo Geirola me recordó la frase de Antonin Artaud, que dice: “No hay nadie que jamás haya escrito o pintado, esculpido y modelado, construido, inventado, a no ser para salir del infierno”.Y también me recordó la clase del Seminario 7 de Lacan titulada “La pulsión de muerte” en la que el maestro francés destaca que, si bien en la pulsión de muerte hay una voluntad de destrucción, no todo supone destrucción: hay también una voluntad de creación a partir de la nada para volver a empezar. Se trata de una fuerza destructiva y a la vez creadora, que está ligada a la historia, dice Lacan, en tanto que es memorable y memorizada. Lacan entonces concibe la pulsión de muerte como una “sublimación creacionista”: nos servimos de la pulsión de muerte para crear.

Este ensayo conjetural comienza en el mismo lugar donde empieza: en el sueño. Inicia con La vida es sueño de Calderón de la Barca y termina en Joyce, con su Finnegans Wake .Pascal Quignard sostiene que escribir es leer lo que no se ve en el silencio de lo que ya no se escucha. Escuchar es escribir.Y esto, tiene que ver con lo que subyace al proyecto de este nuevo libro de Geirola, en la medida en que el lector puede preguntarse de dónde nace este libro, de dónde viene ese deseo y esa fuerza para su escritura.

 

Juan Pablo I. Padilla

Miembro y Docente de la Fundación Sigmund Freud Instituto Clínico Jacques Lacan. Docente de Psicología Clínica (UNT) e integrante de Semiosis Social (UNT). Doctorando en Psicología (UNT).

 

 

Obras citadas

Braunstein, Néstor. (2012) La memoria del uno y la memoria del Otro. El inconsciente y la historia. Siglo XXI editores, 2012, pág. 17

---. Freudiano y Lacaniano. Buenos Aires: Manantial editores, 2000.

Gay, Peter. Freud: una vida de nuestro tiempo. Vida y legado de un precursor.Barcelona: Ediciones Paidós. Colección Testimonios, 2010.

Lacan, Jacques. (1959-1960). El Seminario 7: La ética. Buenos Aires: Editorial Paidós, 2019

---. (1969-1970). El Seminario 17: El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidós, 2019.

Quignard, Pascal. Pequeños tratados I y II. Editorial Sexto Piso, 2016.