Gustavo Geirola 2014/26
viernes, 11 de septiembre de 2026
martes, 4 de agosto de 2026
Notas sobre “El despertar de primavera” de Frank Wedekind: una “tragedia infantil”, oxímoron de un imposible

“El despertar…” pone en escena esa pérdida del placer de la infancia y explora, por ende, sus consecuencias nefastas en la adolescencia, denunciando el carácter de censura impuesto a las nuevas generaciones por el discurso del adulto, por una moral de origen superyoico que, como era esperable, causó escándalo. Vemos entonces cómo lo “infantil” de esta tragedia remite a una cuestión estructural y pulsional para la que no hace falta el humor; el humor hace falta, en cambio, cuando ese real infantil irrumpe en la pubertad y demanda un saber que los adultos y el discurso hegemónico de la moralidad
Link al ensayo publicado en Sigma el 3/8/2026
burguesa no están dispuestos a pronunciar.
miércoles, 5 de marzo de 2025
Presentación del libro: Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola
https://www.youtube.com/watch?v=2BoPoo9MarI
Presentación del libro:
"Freud: del nombre, del origen y del 'gran hombre'. Ensayo conjetural"
(2024, Argus-a).
Autor: Dr. Gustavo Geirola
Comentarios:
Dr. Sergio Hernández
Psic. Mariana Roldán
Psic. Juan Pablo Padilla
Coordina:
Dra. Gabriela Abad
jueves, 27 de febrero de 2025
Mariana Roldán Suárez Reseña Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola
Geirola,
Gustavo. FREUD: del nombre, del origen y
del ‘gran hombre’. Ensayo conjetural. Los Ángeles/Buenos Aires: Argus-a Artes y Humanidades/Arts & Humanities,
2024. ISBN 978-1944508-57-9, 316
páginas.
El libro de Gustavo Geirola nos invita desde sus primeras páginas a una
travesía en la que hay que estar dispuestosa perderse, sólo para volver a
reencontrarnos al final, diferentes de cómo comenzamos. Emergemos de su lectura
cargadas de preguntas y conjeturas que no nos habitaban al comenzar el viaje.
La escritura, prolija, poética, nos va llevando, casi sin que nos demos
cuenta y,al finalizar el recorrido, se añoran sus páginas, apenas lo cerramos.
Es que Gustavo con su escritura, erudita y concienzuda, pero cercana e
intimista, nos presenta a un Freud desconocido. Conjeturo, por mi parte, que quizás
por la cercanía del autor con el teatro, se siente convocado a mostrarnos al
padre del Psicoanálisis detrás de bambalinas.
Logra un engarce delicadoque nos lleva desde las contingencias, pasiones
y temores de la vida de Freud a la rigurosidad de los conceptos
psicoanalíticos. Nos acerca puntos de fuga que parten desde el texto que,siguiendo
su estela, se podrían retomar. Desde el estrago materno, el duelo, la bio y la necro
política, el papel de la memoria y el mito. Claro que la columna que sostiene
la argumentación principal es la cuestión del Padre ligada al linaje y al
origen.
Desde el inicio nos advierte que no estamos frente a una biografía de
Freud o un análisis crítico de su obra, sino que nos encontraremos con una
invitación conjetural que hace Gustavo, siguiendo los pasos de Nietzsche y
Foucault. Ciertos detalles de la vida de Freud son reconsiderados así desde la
perspectiva de las tensiones entre el deseo, la teoría y los acontecimientos
biográficos que operan en el trasfondo de los conceptos que Freud legó al
psicoanálisis. ¿Qué fue dejado de lado, borrado o modificado? Al decir del
autor:
El ejercicio que
este ensayo se propone hacer sigue a su modo las sugerencias foucaultianas
respecto de la genealogía o –como lo traduce de Nietzsche— “la historia
efectiva”, en la que Freud es el personaje de su biografía y a la vez de su
contexto. La genealogía o ‘historia efectiva’ “revuelve en las decadencias; y
si afronta –según Foucault— las viejas épocas, es con la sospecha –no rencorosa
sino divertida— de un ronroneo bárbaro e inconfesable”. (6)
Es decir que un concepto es el resultado de la razón, pero oculta su
propio proceso de elaboración, plagado de “invasiones, luchas, rapiñas,
disfraces, trampas” (4). Todo concepto procede, entonces, de una historia
oculta, atravesada por “los sentimientos, el amor, la conciencia” (4), cuyas
huellas han sido desalojadas.
Geirola nos invita a seguir esahuella que deja el acontecimiento biográfico
al convertirse en concepto. Desanda el camino que va desde Tótem y tabú, por ejemplo, hasta esos puntos de quiebre biográfico,
como el cambio del nombre, que proyectan sus oscuridades y penetran en la
razón. Aventura apasionante que nos invita a sumergirnos en la biografía de
Freud, pero no para ser meros espectadores, sino para desentrañar sus luchas,
atisbar sus temores, asistir en suma a la construcción de un nombre, un Gran
Hombre, quien desde los temores y contradicciones que nos habitan a todos los
sujetos, hizo de sí el Padre-del-Nombre.
Desde las primeras páginas, el autor nos acerca un concepto novedoso, un
prolífico hallazgo, que nos muestra la originalidad de su estilo y el modo singular
de abordar la obra freudiana. El término “obturación”, que lo utiliza para
referirse al mecanismo que devela el montaje de los conceptos freudianos. Cada
concepto se puede entender como una construcción que da a ver al mismo tiempo
que rebela aquello que intenta ocultar. El Diccionario de la RAE define
‘obturación’ como “tapar o cerrar una abertura o conducto introduciendo o
aplicando un cuerpo”. Se obtura, pues, una grieta, una falla. Obturar no se
corresponde con el sentido de ‘reprimir’. Así se pregunta el autor:
¿Qué abertura o vacío querrá tapar Freud, con su cuerpo, con su cuerpo
textual escriturario y conceptual? ¿Se tratará solamente del temor a la muerte
o a la pérdida de su madre, o involucrará, además, otras instancias de su
sexualidad? ¿Se trata, de acuerdo al diccionario, de un vacío –o agujero o
grieta— que resulta taponado, obturado o, a lo sumo, velado e, incluso –para
usar un mexicanismo elocuente— ninguneado? (19)
¿Qué partes de su historia personal quedaron silenciadas o
distorsionadas? Desde las cartas desaparecidas de su amigo de la adolescencia
Silberstein, hasta los sueños donde la figura del padre reaparece
constantemente, como un espectro imposible de eludir, el horror a la muerte de
la madre, la presentificación del anhelo parricida de los discípulos, entre
otros.
El autor, en las primeras páginas, recorta un acontecimiento biográfico,
que desde su perspectiva,dista de ser anecdótico, tal como fue tratado por
algunos de los biógrafos de Freud ycarente de consecuencias a nivel teórico. El
temprano cambio de nombre que operó de Sigismund a Sigmund, en realidad la
eliminación de dos nombres Sigismund Schlomo y su propia nominación como
Sigmund. Con lucidez, y con citas precisas que apoyan sus elucubraciones,
Geirola nos va mostrando el itinerario que recorre Freud desde ese cambio de
nombre, que implica descontarse del linaje de los Freud, dejar de ser uno más
en la serie genealógica para convertir su nombre en marca registrada.
Acercándonos a cada paso las teorizaciones de la Dra. Geréz Ambertín acerca del
superyó y el destino, nos advierte que Freud, desde esta inscripción y con el
armado de su corpus teórico, modifica su destino, ese que fue tempranamente
profetizado por su padre Jakob Freud, al decirle que no sería alguien.
Como nos advierte Marta Geréz en su libro Entre deudas y culpas, sacrificio, la diferencia de Freud con Edipo
es definitiva: Freud desidealiza al padre, no queda atrapado en el goce del
padre real y no procede al suplicio sacrificial al mismo. A partir del cambio
de nombre, se desgaja del linaje paterno (del Sigismund y del Schlomo, pero
también de la tradición judía); así, opta por un duelo interminable en el que
no intenta velar los pecados del padre –incluso la falta en él mismo.
A lo largo de varios capítulos nos ofrece una mirada atrapante de la
saga de los Freud, marcando las diferencias entre ésta y la de los Labdácidas. Recrea
el Edipo vienés de Néstor Braunstein, al que enriquece con sus aportes,
mostrándonos, desde los impasses biográficos de Freud, cómo se fue tramando el
mito y las obturaciones que allí operan.
Uno de los taponamientos a los que alude Gustavo es a la de la obra de Calderón
de la Barca, La vida es sueño. Así
conjetura que esta obturación configura una ausencia, un vacío en la genealogía
freudiana del Edipo. A lo largo del capítulo en los que el autor nos presenta
este escrito calderoniano, va engarzando y mostrándonos los paralelismos entre
la propia vida de Freud y la de Segismundo, protagonista de La Vida es sueño, quienes curiosamente
tienen el mismo nombre. Freud fue un ferviente lector de clásicos de la
literatura española y el castellano era el idioma que utilizaba en su
comunicación epistolar con su amigo Silberstein, por lo que Geirola conjetura algunas
causas para entender por qué Freud obturará La
vida es sueño en su Edipo vienés, cosa que no hizo con Hamlet. Teniendo en
cuenta la relación de Freud con su madre Amelia, podemos imaginar hasta qué
punto la figura de Clorilene (madre del Segismundo calderoniano) asesinada por
su hijo al nacer, le produjera estupor, no sólo por el temor que siempre tuvo
respecto a la muerte de su madre, sino porque el nacimiento de Segismundo,
además, eliminaba toda posibilidad de realizar sus deseos incestuosos.
Otra de las “obturaciones” en la obra freudiana es la relacionada con el
lugar que asigna a la mujer dentro del sistema fálico e incluso sobre la
cuestión de la homosexualidad masculina en su conceptualización de Tótem y tabú, por ejemplo.
Esta es, a mi parecer, una de las más ricaslíneas argumentativas que
desarrolla Gustavo a lo largo de toda la obra y que abre a interrogantes que,
como analistas, debiéramos acoger. La
pregunta por lo femenino y su potencia, así como el cruce con la teoría lacaniana
y las fórmulas de la sexuación. Freud no pudo articular una posición femenina
que escape del dominio fálico, y es aquí donde Lacan interviene con su idea de
que “La mujer no existe”. Lacan argumenta que la mujer es no-toda dentro de la
lógica fálica, lo que significa que el goce suplementario, al que tienen
acceso, no puede ser limitado o reducido a los términos de la función fálica,
como sucede con el hombre.
El autor nos regala, en el medio de estas argumentaciones, interrogantes
que nos abren a debates necesarios, conjeturas que delinean nuevas
ficciones. Así nos dice:
¿Podría inventarse –y, en ese caso, si fuera
posible, cómo sería la escritura— un mito a partir del matriarcado equivalente
al que nos ofrece Freud en Tótem y tabú?
¿Qué tipo de consecuencias conceptuales, sociales, culturales, políticas,
podría tener hoy esa invención? (40)
Freud obstruye la posibilidad de pensar quelas mujeres de la horda
podrían también haber tenido sus propios motivos para matar al Urvater. En todo el Moisés, Freud tampoco menciona la herética Eva ni tampoco de la
sumisa María.“
Tal vez no conspiraron, tal vez gozaban junto al
padre, quizás no asistieron al banquete y no devoraron al padre, tal vez
evitaron la culpa y gambetearon al superyó, y se reservaron la palabra y la voz
para hacerla resonar como alternativa al momento, preciso, de la declinación de
la función paterna y del deterioro y hasta el fracaso de la fraternidad tal
como la observamos hoy. (111-112)
Geirola nos muestra tambiénla fascinación freudiana por el parricidio,
que recorre obras como Tótem y tabú o
El hombre Moisés y la religión monoteísta,
como una lucha interna entre someterse a los imperativos del superyó paterno o
destruirlo para erigir una nueva ley. Freud no podía dejar de escribir acerca
de esto, porque, en cierto modo, él mismo era víctima de la pulsión parricida,
siempre temeroso de ser destruido por sus propios discípulos en un ciclo de
repetición interminable. En su propia vida, se enfrentaba a un dilema:
someterse a la figura del padre o erigir una nueva ley que lo desafiara. Al ir
más allá del padre, no solo funda una disciplina, sino que se coloca en el
centro de una dialéctica donde convertirse en “gran hombre” también significa
estar expuesto a ser, a su vez, superado o destronado.
El psicoanálisis es, nos dice Geirola, una obraque pivotea entre la
pasión de la ignorancia y una certeza de que el padre es un síntoma que hay que
tratar de levantar. Así es que Freud no ceja en su esfuerzo por abordar con la
palabra a ese padre real, con su violencia y su odio, en su versión del Urvater en Tótem y tabú.
En definitiva Gustavo nos invita a una puesta en escena sobria, pero
divertida, rigurosa, pero poética. Se abre el telón y suben a escena Freud con
el linaje familiar que lo antecede. Así vemos a Jakob y Amelia en la danza de
la muerte y de la pérdida, del desarraigo y la maldición. A un adolescente
Freud buscando descontarse de esa genealogía, nombrándose Sigmund, intentando
torcer el destino, esa cara feroz del superyó que nos compele a repetir lo
peor.
Aparece en esa escena también Eduard Silberstein, ese amor adolescente
de Sigmund, con quien comparte el español como un lenguaje amoroso que los
recorta en un universo privado.Estos personajes muestran sus amores, sus
temores, sus pasiones mientras la voz en off de Gustavo nos relata y nos regala
un texto para ir, desde estas escenas, a los conceptos psicoanalíticos forjados
por el padre del psicoanálisis.
En los cuadros siguientes vemos desplegarse, en tormentosas escenas, a
Edipo y la consumación de su destino atroz, a los hermanos de la horda que
asesinan y devoran a ese padre que no cesa de retornar, a la vez que también
enmarca y pacifica. Atisbamos al coro de las mujeres que, se diría, Gustavo
anhela y presiente. Esa presencia femenina en potencia, esperando su momento
para desplegar la invención y el deseo.
Llegan Moisés y los egipcios, que se mezclan con los nazis, el exilio y
el temor a la propia muerte.
Nos lleva,antes de que caiga el telón, a las calles de Dublín y hacen su
aparición, Joyce con Freud, apelando a la obra y la escritura como modo de existencia
deseante, como marca escrituraria que posibilita seguir y crearse a sí mismos,
torciendo la fatalidad, creyendo en el inconsciente, aceptando su castración, soportando
que el Otro es inconsistente,inexistente, y que no hay garantías.
Hay cierto registro de escritura -poética- como la que nos ofrece
Gustavo Geirola, que bordea los márgenes de lo real. Es una escritura femenina,
cómo la que el autor identifica en Joyce y Freud, que se alcanza en las
orillas, que, no siendo toda fálica, sabe de poesía.
Mariana
Roldán Suárez
Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud
Bibliografía
Gerez Ambertin, Marta. Entre deudas y
culpas:sacrificios. Critica de la razón sacrificial. Buenos Aires; Letra Viva, 2008.
Sergio Omar Hernández Reseña Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola
Geirola, Gustavo. FREUD: del nombre, del origen y del ‘gran
hombre’. Ensayo conjetural. Los Ángeles/Buenos Aires: Argus-a Artes y Humanidades/Arts & Humanities,
2024. ISBN 978-1944508-57-9, 316
páginas.
Freud: ¿Por qué se llega a ser lo que se es?
No será La fuente de Duchamp o los 4 minutos 33 de John Cage, pero este
libro conserva el espíritu provocador de esas obras. Para sostener sus
conjeturas sobre la vida y obra de Freud, Gustavo Geirola se sirve de la
lectura que Foucault realiza de Nietzsche, produciendo allí una novedosa forma
de interpretar a un sujeto en su historia. Esto es, una biogenealogía.
Desde un principio el autor
parece romper una cuarta pared para advertir al lector: “Ud. está por
introducirse en una forma distinta de explorar la vida y obra de Sigmund
Freud”. Perdón. ¿De quién? De Sigismund Scholmo Freud. No por nada el
primer capítulo, el primer acto de esta obra, se titula “Del nombre”.
¿Qué pasó? ¿Acaso el
creador del psicoanálisis tiene un nombre artístico? Tal vez, algo por el
estilo, pero este nombre de fantasía - o de fantasmas - no está diseñado en un
estudio de marketing (como Karol G o Daddy Yankee), sino que surge como roca
volcánica, como piedra metamórfica, aquel mineral que se transforma a sí mismo
en el fuego interior del planeta. Justamente, Gustavo Geirola rastrea que este
interesante juego freudiano de intercambiar nombres comienza en medio de un fragor
privado: la relación epistolar del joven Freud con Eduard Silverstein, de quien
se hiciera amigo a los 13 años y se convirtiera -durante diez años- en un
auténtico confidente capaz de provocar en el inventor del psicoanálisis
referencias sumamente tiernas, pero también despechadas. Y que el lector podrá
apreciar, pues Geirola trabaja las cartas sobrevivientes: Freud no dejaría
rastro de aquellas, pero Silverstein supo conservar el tesoro.
Pero no nos confundamos, de
ninguna manera se aproximan estas misivas con el objetivo de exhibir un chisme
pueril que entusiasme a un lector sin mayores pretensiones que atiborrarse de
datos curiosos. La advertencia del autor fue clara: “Usted no está por ingresar
a una biografía”: ese terreno harto conocido en el que el biógrafo recorre
puntos nodales de la historia de un personaje, sucesos que se encadenan
prolijamente producto de la recopilación de cartas, comentarios de allegados, y
contexto de la época. No es este el trabajo de este ensayo, pero no por
desechar aquella tarea. No mira de reojo y sobre el hombro a los biógrafos de
Freud. Por el contrario, se sirve de ellos. Aunque para una labor distinta,
novedosa, a la que él mismo llamará ‘conjetural’.
Como un arqueólogo
recorrerá los sedimentos simbólicos de un hombre, las diversas capas de
palabras, que a lo largo de cartas, ensayos y libros (escritos por él, sobre
él, o bien, de sus discípulos), y que constituyen el único terreno por el cual
se puede llegar a la verdad de un sujeto: La verdad que, como escribe Néstor Braunstein
en su Ficcionario de psicoanálisis (2001), es
siempre media-dicha, conjetural.
No mencionamos caprichosamente
al psicoanalista argentino, pues a dos años de su partida corpórea, Geirola le
dedica el libro. Ahora bien, esta intención no se debe -únicamente- a la
inmensa producción ligada al psicoanálisis, el arte y la filosofía que hizo
Néstor Braunstein. Sino que se trata de un gesto de gratitud por la
inspiración. Pues Geirola toma el guante que Braunstein arroja a la cara del
lector en su texto Edipo vienés (en Freudiano y Lacaniano, 1994): ¿Por qué Freud
callaba y desfiguraba el texto de Sófocles, al cual conocía tan bien? ¿No nos
enseñó eso Freud?: Quienes pretendan oír la verdad de un sujeto deben hacer
eso, escuchar. Escuchar los sonidos que brotan como palabras de sí: ¿Y qué es
la música si no un conjunto de sonidos y silencios?
Geirola parece decir
“Freud, si tú nos enseñaste esto, permítenos la herejía de interrogar tus inflexiones,
tus silencios, tus síncopas y contratiempos. Freud, si manejabas tan bien el
español, ¿por qué no abundan referencias en ese idioma en tus obras? Si durante
diez años usaste ese idioma para cartas con amor, con ternura, con celos, con
entusiasmo…con Silverstein”. Y como sólo los no incautos yerran, Geirola
conjetura: el español era el idioma de las pasiones freudianas.
¿Entonces por qué está
fuera de su obra? (!!!) Justamente de la obra que puso la dinamita en los
cimientos de la forma de pensar la sexualidad humana, adulta e infantil, desde
la más sana a la más enferma. “Retrucaste el Pathos ¿Por qué ese idioma quedó
por fuera?”.
A lo mejor, algún real
aguijoneaba allí al Joven Sigismund Scholmo Freud. Quizás… dejarlo por fuera de
su obra –no diríamos que de su vida—, pero sí de su obra, haya sido el costo a
pagar por saber-hacer de esa pasión una obra del pensamiento, una obra
intelectual, una obra científica.
Geirola pesquisa
clandestinidad en estas cartas escritas en un idioma muy difícil de entender en
la Viena del siglo XIX y firmadas con un seudónimo. Vale la pena mantener este
nombre sustituto en las sombras para que el lector lo descubra. Cubrir y des-cubrir
es parte del juego biogenealógico, y allí es preciso no anticipar ciertas
sorpresas. Pero si podemos decir que será el modo en que el joven Sigismund–aún
usaba aquel nombre— utiliza para incluirse en la Sociedad Española, esa
sociedad de sólo dos miembros: él y Silverstein.
Ahora bien ¿es un simple juego adolescente el anonimato, los silencios, las
sociedades secretas, y los idiomas furtivos que se mezclan en esta
correspondencia apasionada? ¿O acaso son los sonidos del concertino que afina
antes de su sinfonía psicoanalítica? Pero entonces, Freud, ¿por qué te
cambiaste el nombre?
Geirola ubicará que en
aquella época entra en el silencio el nombre de los ancestros, Scholmo. A
la vez que el Sigismund sufre una amputación: Sigmund. ¿Qué es lo que se arranca
allí? ¿Acaso pretende un disimulo? Ciertamente el Sigmund suena más alemán que
Sigismund…. Pero ¿será que también algo resonaba singularmente en Freud?
Geirola avanza y casi que
lo escuchamos decir: “Freud, si eras tan ávido con la literatura española, digo…
no será…tal vez…que este Sigismund era prácticamente igual al Sigismundo, del
personaje principal de Calderón de la Barca? ¿Protagonista de qué obra? Nada
menos que La vida es sueño. ¡Justo,
Freud! ¡Parece que el español intuyó 300 años antes algo que tú continuarías! Y
mira tú el nombre!”. ¡Qué parecida que es la realidad con la coincidencia!”.
¿Será posible que una
grieta genealógica asome allí su cabeza? ¿De dónde proviene el nombre
Sigismundo? Wagner, el famoso Wagner, el alemán Wagner, cuyas producciones
musicales hacían vibrar a Europa, entre ellas una muy singular. La tetralogía
operística El anillo del nibelungo,
mitología nórdica de donde se destaca nada más y nada menos que Sigfrido.
Las resonancias parricidas
e incestuosas de Sigismundo y Sigfrido… llamativamente no aparecen en las
referencias de un autor de una amplitud artística tan basta como Freud. Quien
no pudiendo desconocer esto…sin embargo no los nombra. Pareciera que ciertos
silencios son producto de que se vislumbre algo que está más allá de las
palabras.
Como buen jardinero, Freud
realizará podas en la marca que recibe de sus antepasados: conserva el
apellido. Pero recorta el Sigismund y forcluye el del abuelo
“Scholmo”. Conserva el espíritu etimológico de Sigfrido/Sigismundo/Sigmund:
la victoria.
Justamente, si algo logró
Freud, es hacerse un nombre. Parirse a sí mismo como líder de un movimiento
que, a contrapelo de las tendencias mercantilistas, hasta el día de hoy,
apuesta porfiado al modo singular con la que cada quien puede arreglárselas
entre aquellos dos abismos a los que llamamos nacer y morir. Geirola nos
recuerda que Lacan señala el Padre-del-Nombre. Ciertamente, Freud es hijo de su
producción. Y se bautiza: Sigmund.
Pero
esto no es sin costos. Y
no únicamente para la vida del científico alemán cuyo saber-hacer consistió en
deponer ciertas pasiones y abocarse a otras. Carnales unas, intelectuales
otras. El autor avanza conjeturando: esto también tiene consecuencias en la
teoría. Se los dijo, esto no es una biografía. Es un ensayo bio-genealógico.
Acá se investiga el poder que trafican las palabras. Lo que Freud calla, en su
vida, en su teoría, lo que le resulta inescrutable, el darkcontinent.
La cuestión de la mujer y lo femenino, siempre ligado a lo insondable en Freud.
Escollo en la vida y en la teoría que Lacan, luego, intentará resolver con las
fórmulas de la sexuación.
Gustavo explora el oscuro
continente freudiano y traza un mapa conjetural que permita no extraviarse en
la teoría, pero también en la vida de cada uno. ¿Acaso alguno de nosotros está
exento del drama que supone el nombre propio? ¿El origen? ¿O nuestros anhelos y
aspiraciones, de mayor o menor grandeza?
Hoy vivimos una
civilización que parece no poder oponerse a la barbarie. Allí Geirola parece
decirnos: si Freud pudo, si pudo conjurar parte del sacrificio atroz, si pudo
negociar con el superyó, ¿por qué nosotros no? A lo mejor estas páginas nos
permitan entrever nuestra propia manera de hacernos un nombre, de apostar al
deseo y de invocar al amor.
Universidad
Nacional de Tucumán
Fundación
Psicoanalítica Sigmund Freud
Argentina
martes, 25 de febrero de 2025
Juan Pablo I. Padilla reseña Freud del nombre, del origen y del gran hombre. Ensayo conjetural, de Gustavo Geirola
Geirola, Gustavo. Freud:
del nombre, del origen y del ‘gran hombre’. Ensayo conjetural. Los
Ángeles/Buenos Aires: Argus-a Artes y Humanidades/Arts & Humanities,
2024. ISBN 978-1-944508-57-9,316 págs.
Este libro que, como nos cuenta su autor, el Dr. Gustavo
Geirola, es fruto del Seminario que dictó la Dra. Marta Gerez Ambertín acerca
de Los nombres del padre y lo fraterno en la clínica en 2023. Este
ensayo conjetural es deudor y resonancia de aquel seminario. Sin duda fue causa
del deseo de Geirola y de muchos de los que asistimos al seminario (¿y por qué
no también, de aquellos que vean luego la presentación por YouTube en el canal
de La Fundación?)[1]
por lo cual merece ser celebrado.
El libro está dedicado a la memoria de Néstor Braunstein,
de quien también somos deudores: de él y de sus libros. Recordemos lo que nos
enseña Braunstein sobre la memoria: ella es fundadora del ser, cada uno de
nosotros somos, no lo que nos pasa, sino aquello que recordamos y que
olvidamos. Somos una memoria en movimiento, honrada por olvidos y represiones.
La memoria no procede desde el pasado como ingenuamente creemos dice Braunstein
(2012), sino desde el futuro. Lo que no se puede olvidar es el futuro desde el
cual todo recuerdo tomará su sentido o se develará como privado de él. Y si
estamos celebrando el libro de Gustavo Geirola es también, y en gran medida,porque
nos reconocemos deudores de la enseñanza del Dr. Néstor Braunstein, y lo
recordamos, honramos y homenajeamos estudiando sus trabajos.
El Dr. Geirola humildemente dice que se dejó llevar por
la invención imaginativa, hasta incluso con cierto “tufillo a delirio”, pero
siempre con la rigurosidad teórica, citando a no pocos autores que investigaron
sobre la vida y la obra de Freud. Geirola hace todo un recorrido del linaje de
los Freud, siguiendo a sus biógrafos principales: Emilio Rodrigué, Peter Gay, Louis
Breger, y en menor medida, a Ernest Jones, que, como lo dijo en alguna
conferencia la Dra. Gerez Ambertín, es el chismoso de la saga psicoanalítica. Resulta
que, aunque sea el chismoso, también lo leemos, o quizás algunos justamente por
eso lo leemos. El Dr. Geirola incluso recomienda al lector que se deje llevar
por su delirio y su inventiva y que disfrute de la lectura. Pues la lectura del
texto de Geirola se disfruta tanto como demanda la atención: el autor hace
posible que uno recorra el laberinto que nos propone, yendo de Freud a Lacan y
viceversa, y relacionando los datos biográficos de Freud con los aportes
teóricos que éste hizo.
Geirola en su libro realiza una travesía por diversos
autores de renombre e importancia, como son: Calderón de la Barca, Freud,
Lacan, Braunstein, Gerez Ambertín, Sófocles, Homero, Apolodoro, Diodoro de
Sicilia, Píndaro, Étienne de La Boétie, Descartes, Foucault, Nietzsche,
Shakespeare, James Joyce, Schopenhauer, Hegel, Aristóteles, Charles Darwin,
Claude Levi Strauss, Walter Benjamin, entre otros.
El autor destaca
los complicados y ambivalentes sentimientos que despertaron en Freud la
relación con su madre Amalia. Es distinguido que Freud no haya precisado la
relación de las mujeres con el padre real, con el padre de la horda. Asimismo,
Geirola subraya que Freud, como él mismo sostiene en numerosas cartas, no se
puede explicar el matriarcado. Resulta notable, dice Peter Gay, que Freud no
diga prácticamente nada o muy poco sobre su madre. Braunstein en su texto Edipo
vienés, sostiene que el complejo de Edipo no es una conclusión, un punto de
llegada, la culminación o el centro del psicoanálisis, o, mejor dicho, del
(auto)análisis de Freud. Por el contrario, el complejo de Edipo se encuentra al
comienzo de todo eso, es el mito en tanto que historieta, como contenido manifiesto,
ya que, como conjetura Lacan en El Seminario 17: “el complejo de Edipo
es el sueño de Freud”; lo mismo dice Braunstein, y por eso debe ser atravesado
y despejado. Se trata de un mal sueño de Freud del que hay que despertar a los
analistas para que pueda haber psicoanálisis.
Braunstein va a plantear una incapacidad en Freud para integrar
la hostilidad de la madre al hijo varón, presente en numerosos pasajes de la
obra freudiana, en los que refiere lo que para él es el contenido del mito de Edipo.
Y el problema de esto es, tanto más de nosotros los analistas que de Freud
mismo, porque sigue siendo nuestra fuenteprincipal la letra de Freud y no la de
Sófocles, que la desconocemos. No sería en vano un esfuerzo volver al relato de
Sófocles: tanto para disfrutar de su lectura como para advertir las diferencias
con la lectura que Freud hizo de aquel. En relación a esto es que Braunstein
nos exhorta a que dejemos de masticar como un animal que no sabe qué es lo que
come, el mito freudiano de Edipo y que agarremos el mito tebano o ateniense,
que no muerde.
Por eso considero muy precisa y puntillosa la distinción
que hace el Dr. Geirola sobre el Edipo de Sófocles y el Edipo de Freud;
siguiendo el texto Edipo vienés de Braunstein, pero además agregando sus
propios aportes, Geirola nos muestra su conocimiento y su gusto por la
mitología griega y sus personajes. A su vez, la relación que hace Geirola con
el escrito de Lacan Joyce el síntoma y el cuento de Borges, Borges y
yo, para referir al hombre y al nombre, y ambos para hacer referencia al
sinthome.
A propósito, y en relación al nombre, sostiene Geirola,
cito:
Podemos apreciar cómo el
cambio de nombre de Sigismundo a Sigmund, y cómo el rechazo y olvido de nombres
de sus antepasados Schlomo y Kallamon respectivamente, más la obturación de la
obra calderoniana, configuran la genealogía de aquello que en ese libro de 1913
adquiere un estatus conceptual: el tótem y el tabú. ¿Será que Sigmund configura
el cuarto nudo, el sinthome, que desde su temprana juventud anudará los
desajustes de los 3 del nudo borromeo? (pág 52)
Las notas al margen, abundantes, son inevitables e
ineludibles en el ensayo de Geirola; muchas veces son más importantes que el
cuerpo del texto.En una de esas notas, por ejemplo, más precisamente en la nota
50, Geirola explica de dónde Freud extrae el término dark continent para
referirse a la mujer.
Otra de las notas más divertida que novedosa es la que,
siguiendo a Emilio Rodrigué, Geirola nos cuenta que los psicoanalistas elegían
que los congresos se realizaran en lugares neutrales, que no eran ni en Viena
ni en Berlín, así se alejaban de sus esposas. Y no lo dice Rodrigué, pero
imagino que las esposas también hacían de las suyas para descansar de sus
maridos cuando estos viajaban. Y digo,“no tan novedosa” no por el dato en si,
sino porque conocemos la tentación que genera lo prohibido, lo clandestino,
incluso en los mismos psicoanalistas.
Volviendo al comienzo del libro, Geirola abre con una
cita de Freud que sostiene que sin un poco de cierta criminalidad no hay
realización posible. Esta cita que eligió Gustavo Geirola me recordó la frase
de Antonin Artaud, que dice: “No hay nadie que jamás haya escrito o pintado, esculpido y modelado,
construido, inventado, a no ser para salir del infierno”.Y también me recordó la clase del Seminario 7 de Lacan titulada “La pulsión de muerte” en la que el
maestro francés destaca que, si bien en la pulsión de muerte hay una voluntad
de destrucción, no todo supone destrucción: hay también una voluntad de
creación a partir de la nada para volver a empezar. Se trata de una fuerza
destructiva y a la vez creadora, que está ligada a la historia, dice Lacan, en
tanto que es memorable y memorizada. Lacan entonces concibe la pulsión de
muerte como una “sublimación creacionista”: nos servimos de la pulsión de
muerte para crear.
Este ensayo conjetural comienza en el mismo lugar donde
empieza: en el sueño. Inicia con La vida es sueño de Calderón de la
Barca y termina en Joyce, con su Finnegans Wake .Pascal Quignard sostiene
que escribir es leer lo que no se ve en el silencio de lo que
ya no se escucha. Escuchar es escribir.Y esto, tiene que ver con lo que
subyace al proyecto de este nuevo libro de Geirola, en la medida en que el
lector puede preguntarse de dónde nace este libro, de dónde viene ese deseo y
esa fuerza para su escritura.
Juan Pablo I. Padilla
Miembro
y Docente de la Fundación Sigmund Freud Instituto Clínico Jacques Lacan. Docente
de Psicología Clínica (UNT) e integrante de Semiosis Social (UNT). Doctorando
en Psicología (UNT).
Obras citadas
Braunstein, Néstor. (2012) La memoria del uno y la
memoria del Otro. El inconsciente y la historia. Siglo XXI editores, 2012,
pág. 17
---. Freudiano y Lacaniano. Buenos Aires: Manantial
editores, 2000.
Gay, Peter. Freud: una vida de nuestro tiempo. Vida y
legado de un precursor.Barcelona: Ediciones Paidós. Colección Testimonios,
2010.
Lacan, Jacques. (1959-1960). El Seminario 7: La ética.
Buenos Aires: Editorial Paidós, 2019
---. (1969-1970). El
Seminario 17: El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidós,
2019.
Quignard, Pascal. Pequeños
tratados I y II. Editorial Sexto Piso, 2016.

